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Soy Esperanza, fisioterapeuta equina. Mi forma de trabajar nace de una mirada profunda hacia el caballo: su cuerpo, su emoción, su entorno y todo aquello que puede estar detrás de un síntoma.
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Desde niña conviví rodeada de animales, especialmente caballos y perros. Durante muchos años pensé que mi camino sería la veterinaria, hasta que entendí que necesitaba relacionarme con ellos desde otro lugar.
Descubrí en la fisioterapia una forma más amplia de entender la salud del caballo. No sólo desde la lesión, sino desde todo aquello que influye en su bienestar: el entorno, el manejo, el estilo de vida, el movimiento y la relación con las personas.
Con el tiempo empecé a formarme también en biología y etología a través de cursos, lecturas y experiencia práctica. Poco a poco integré esa visión en mi forma de trabajar.
Hoy no entiendo la fisioterapia como algo puramente físico. Para mí, cuerpo, cerebro, emoción y comportamiento forman parte de lo mismo.
Hubo una yegua que marcó profundamente mi manera de entender todo esto. Estaba rota emocional y físicamente, y cambió radicalmente cuando se modificaron aspectos de su manejo, su estilo de vida y su confianza en el ser humano.
Ese momento me hizo comprender que muchas veces el cuerpo expresa mucho más que una lesión.
En una sesión entro en un estado de presencia absoluta. Estoy en el aquí y ahora con el animal, escuchando activamente su cuerpo y creando una comunicación silenciosa en la que el caballo también guía.
Para mí, tratar a un caballo significa aprendizaje constante. Muchas veces siento que ellos me aportan más a mí de lo que yo puedo aportarles a ellos.
Esa conexión es la base de todo. Si un caballo me permite entrar en su espacio, en su cuerpo y en su confianza, me lo está dando todo.
Me gustaría que cada vez hubiese más conciencia sobre el manejo, el estilo de vida y las necesidades reales del caballo. Muchas veces el problema no está en el síntoma, sino en todo lo que rodea al animal día tras día.
Mi trabajo no consiste en “arreglar” caballos. Consiste en ayudarles a recuperar equilibrio, comodidad y bienestar respetando quiénes son.
Trabajo desde la escucha, el respeto y la confianza. Porque cada caballo necesita una mirada propia y una forma distinta de ser acompañado.
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